Historias del Escenario: “¿Oro para TVes o para Maduro?” por Luis Olavarrieta

(Foto: Luis Olavarrieta / CaraotaDigital)

(Foto: Luis Olavarrieta / CaraotaDigital)

Las olimpiadas es un evento que congrega a casi todos los países del mundo y, por ende, la atención mediática se hace presente. Cada cuatro años los pueblos del planeta se reúnen para celebrar el deporte en sus diferentes disciplinas. La audiencia es global. La ceremonia, dueña absoluta de la televisión.

Durante décadas, el televidente ha sido protagonista, en primera fila, de las distintas hazañas de los atletas. Mientras unos festejan las proezas de sus compatriotas, otros lamentan a regañadientes la desdicha de quienes no tuvieron la mejor de las suertes. Es casi imposible controlar las emociones, sobre todo cuando ocurre una derrota inesperada.

Otros episodios han generado la furia de Estados enteros. Por ejemplo, en los mundiales de tiro realizados en Kuwait en el año 2012, la entrega de la medalla de oro se vio empañada por un error garrafal. Mientras la kasaja María Dmitrienko recibía la condecoración, el himno de Kazajistán fue sustituido por la música de la película “Borat”.

El suceso no solo provocó la aflicción de la galardonada sino la ira de las autoridades de su país. Años atrás el largometraje ya había marcado un precedente en su territorio. El film protagonizado por el humorista británico Sacha Noam Barón Cohen fue suspendido por la burla que él efectuaba hacia los habitantes en la nación de Asia Central.

También en las pasadas olimpiadas realizadas en Londres, el desconcierto se hizo presente entre jugadoras y técnicos del equipo femenino de Corea del Norte. Al ser presentadas las futbolistas ante el partido contra Colombia se contempló en los marcadores la insignia de Corea del Sur.

Los presentes no podían creer que la bandera enemiga hacía acto de presencia. La consigna representa al Gobierno que oficialmente está en guerra con el país que iniciaba el encuentro deportivo. El acto fue interpretado como una alabanza a la nación rival.

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Konstantín Grischenko, manifestó su malestar por los errores cometidos por el Comité Organizador de los Juegos Olímpicos en los datos biográficos de sus compatriotas.

El funcionario mostró indignación al indicar que en algunos créditos se designaba a Ucrania con la palabra “región”, además se le atribuía constantemente a Rusia ciudades donde han nacido gran parte de sus atletas.

Pero, ¿qué ha pasado en nuestro país en materia de desatinos? En Venezuela, las equivocaciones del equipo de comentaristas del canal socialista de Venezuela (TVES) ya se han hecho costumbre. Durante la reciente cobertura de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Río, el locutor Luis Gutiérrez Chourio tradujo de una manera muy particular el discurso del presidente del Comité Internacional, Thomas Bach.

La principal autoridad de la actividad deportiva refería en su charla lo siguiente: “We live in a world where selfishness is gaining ground” (vivimos en un mundo donde el egoísmo está ganando terreno), a lo que el traductor del canal interpretó: “Vivimos en un mundo en el que los selfies están por todos lados”. La situación logró tanta repercusión que internacionalmente hubo pronunciamientos.

Pero esta no es la primera metida de pata que ocurre en la señal “socialista”. Recordemos cuando Willie Oviedo narraba una competición de natación en Beijin 2008 aseverando que: “Jamás en unos Juegos Olímpicos ningún mortal, ningún ser viviente ha podido colgarse la cifra de ocho medallas doradas. Únicamente lo logró Michael Phelps en los olímpicos de Múnich, en el año 1972, en la Alemania de Hitler, cuando ni siquiera él mismo quiso dar las medallas”.

La memorable confesión quedó para la posteridad. El conductor confundió a Phelps con Mark Spitz, nadador californiano que en 1972 ganó siete medallas en la piscina de Múnich y al mismo tiempo lo juntó con la historia de Jesse Owens, triunfador en 1936, con el cual Hitler nunca llegó a felicitarlo.

Pero esto no termina aquí, en otra de sus transmisiones los televidentes fuimos testigos del “Unga Unga”, expresión que uno de sus narradores usó para referirse a la delegación de Benín en el desfile de inauguración.

Más adelante se le sumó el comentario sobre la delegación de Madagascar con: “No se crean que allí hay puros animales, hay personas que viven en Madagascar”. Y como guinda del pastel, hubo otra oración que marcó aquella lamentable emisión: “La Tierra es el mejor planeta del mundo”.

Tves representa “dignamente” el disparate. El presidente Nicolás Maduro con sus reiteradas equivocaciones, su emblemático representante. Si hubiese unas olimpiadas para premiar las incongruencias de un dirigente y su gobierno estamos seguros que el revolucionario no se bajaría del podio y arrasaría con todas las condecoraciones.

De todos modos, le otorgamos al primer mandatario la medalla de bronce por la siguiente afirmación: “Buscaremos escuela por escuela, niño por niño, liceo por liceo, comunidad por comunidad meternos allí, multiplicarnos, así como Cristo multiplicó los penes”.

La medalla de plata es para la memorable afirmación: “Bolívar a los tres años quedó huérfano de padre, a los nueve huérfano de madre, apenas a los 17 o 18 años fue huérfano de esposa”.

Y la de oro se la dejamos a usted, mi estimado lector, hay innumerables referencias del presidente que lucharían por estar en ese primer lugar.

Luis Olavarrieta / @LuisOlavarrieta