“Una mamada a cambio de cuatro harinas” por Katherine Carrizales

(Foto: @kathcarrizales)

(Foto: @kathcarrizales)

Las mujeres que saben que no pueden competir contra pistolas y cuchillos tienen otra opción: ofrecer favores sexuales a los policías nacionales que “resguardan” la cola en las ruinas de lo que sería el terminal metropolitano de Barcelona.

Una felación les garantiza uno de los quinientos tickets que entregan en la fila de las feminas diariamente para comprar en Sigo. Vendiendo su boca se ahorran al menos 12 mil bolívares, el costo “bachaquiado” de las cuatro harinas que adquirirán al día siguiente.

Los uniformados se bajan el cierre de sus pantalones de “autoridad” dentro de las patrullas o al final de aquel terreno baldío, por donde pasa el río Neverí. Así nadie los ve. No por miedo a la ley, infiero que solo por necesidad de intimidad. Si algo saben los policías de justicia es que también está presa.

Esta nueva transacción surgió a raíz de que mujeres delincuentes de La Ponderosa y Guamachito son las pranes de las colas. A punta de amenazas con arma en mano, controlan quién opta por un número o no. Todo tranquilo si les pagas sus vacunas.
A ellas, y a todos estos nuevos delincuentes también presentes en la cola de hombres, a su vez los apadrinan los funcionarios. Si no disfruta la lujuria, goza la avaricia. El que quiera pasar de primero desembolsa mil quinientos o dos mil bolívares.

Los que amanecen allí saben que corren peligro entre tantas distorsiones, entre tanta violencia. Pero aunque se juegue con la vida, sigue siendo la opción más “barata”. Con los 760 bolívares que les cuestan los cuatro kilos de harina precocida no compran ni el mismo pesaje de papa.

La promesa de que Sigo siempre tiene comida regulada en sus galpones los esperanza. Si corren con suerte, se llevan hasta doce artículos que incluso pueden revender y comprar de nuevo. Es que lo mejor de todo es que el sistema biométrico en el que el gobierno gastó millones y millones de bolívares no funciona. Al final, todo queda entre familia.

Katherine Carrizales @kathcarrizales

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